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Categoría: Análisis y debates

Digitalización responsable, el ‘principio’ de una época

12/04/2018

Autor: Rafael Navarro, socio co-fundador de Innsomnia y CEO de La Digitalizadora.

El congresista leía la pregunta inclinado sobre la mesa, con la seguridad y el aplomo que anticipan una cuestión cargada de evidencia y solidez lógica. El joven y autoconfiado dueño del imperio de los datos tenía un discurso preparado por un ejército de asesores legales, un argumentario exculpatorio impecable. Pero a juzgar por su reacción, nadie debió pensar en el detalle más personal. El de la privacidad de la noche. Porque cuando en la sesión de investigación del robo de datos de Facebook, el congresista le preguntó a Mark Zuckerberg si le gustaría que se conociese el hotel donde durmió la noche anterior, su cara mutó en la del centinela celoso de su intimidad. El balanceo negativo de su cabeza y el "no" de su respuesta, sincronizaron con una sonrisa autoinculpatoria a media asta.

El escándalo de Facebook y el de otras grandes empresas aparecen de momento como cuentagotas aislados en la crónica de esta revolución digital. Hasta que la última gota desborde la adormecida conciencia de clase de los dueños de los datos, los ciudadanos.

Fue en la sede de Innsomnia, en el programa de La Brújula de Onda Cero, cuando escuché por primera vez el principio. David del Cura le preguntó a José Ignacio Goirigolzarri por el asunto de los datos, Facebook y los clientes. Y el presidente de Bankia le respondió que él abogaba por la "digitalización responsable" de los datos. Un principio que días después plasmó en la junta de accionistas, tal y como reflejaba en su titular la nota de prensa del banco.

Es el principio del principio. La declaración de intenciones básica para el principio de una época. La bandera del inicio de una revolución donde el estrato social con conciencia de clase no va a ser el de los obreros de otras revoluciones, sino los ciudadanos dueños de sus datos. Los ciudadanos, todos, contra el algoritmo, los ciudadanos contra las máquinas, creadas y dominadas, de momento, por otros ciudadanos,... o por la inteligencia artificial alimentada a base de machine learning. Todos los ciudadanos, incluido Zuckerberg.

No sólo se trata de los datos que posea un banco de un cliente. La batalla por el dato y la lucha por su privacidad incluyen otros muchos aspectos. Por eso su protección no debe ser solo una bandera comunicativa, sino un principio universal en los primeros pasos de esta revolución global.

Porque al hotel de Zuckerberg habría que añadir con la llegada del 5G el posicionamiento más preciso del coche autónomo y la seguridad que depositaremos en su conducción, la seguridad de nuestra propia vida. Con el 5G las máquinas hablarán entre sí, entre empresas sin intervención humana. Las máquinas no tienen privacidad, y quizás tampoco las empresas, pero sí sus clientes y empleados. La gestión responsable de los datos impactará de lleno en la privacidad de la enfermedad que será monitorizada desde el hospital al hogar por firmas tecnológicas. Dejará en sus manos ni más ni menos que el trazo de un bisturí movido a distancia por el cerebro remoto, guiado por la realidad virtual y aumentada en la que se habrá teletransportado teóricamente nuestro cuerpo. Nuestra intimidad, nuestra alma será etérea en unos años, pero al mismo tiempo palpable en forma de datos.

Ciudadanos: mejor gestión de sus datos

Con el internet de las cosas pondremos en manos de no sé quién nuestras manías más íntimas. Sí, pueden ayudar a medir, a sensorizar los riesgos o la cobertura de un seguro, pero también pueden llegar a ser tan personales como lo que ocurre a solas en un baño. Y con la inteligencia artificial y el análisis predictivo de nuestros comportamientos, nos pueden hackear hasta el futuro más inmediato que no hemos ni conocido.

Nuestro yo más íntimo no puede ser violado. No sé cómo reaccionaría la sociedad a los primeros que evocaron los principios de protección de los animales, de los derechos del niño, de la mujer o los derechos sociales más básicos. Pero alguien dibujó el principio, en el principio de la época de los derechos elementales.

El 73% de los ciudadanos españoles quiere gestionar mejor sus datos. Somos los europeos más celosos de la intimidad. En quien más confiamos en la gestión de nuestros datos es en la sanidad (72%), seguida de la banca (64%). En una época donde la oferta financiera será, porque lo es ya, una mera commodity, un servicio sin apenas diferenciación entre competidores; la intimidad, la digitalización responsable, será una herramienta de venta, un signo distintivo tanto como lo es hoy la carcasa de un móvil o el chasis de un coche. Porque lo que llevan dentro el teléfono y el vehículo, mental y tecnológicamente, también son commodities.

La digitalización responsable exige hasta una declaración universal de los derechos de la intimidad. Esas normas morales es mejor desarrollarlas al principio, antes de que conozcamos con facilidad el hotel en el que durmió Zuckerberg. Y quizás, con quién, cómo, cuántos minutos, qué desayunó,....