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GAFAA: el reto de la regulación dentro del sector financiero europeo

14/01/2019

Las grandes tecnológicas como Google, Apple, Facebook, Amazon o Alibaba (GAFAA por sus siglas en inglés) están penetrando con fuerza en el negocio financiero. Por ejemplo, Google está invirtiendo cada vez más en fintech y ya ha lanzado productos como Google Wallet o Android Pay. Recientemente, su filial en Lituania consiguió una licencia por parte del Lietuvos Banka (Banco de Lituania) que autoriza a Alphabet, la matriz de Google, a operar como entidad de dinero electrónico. Además, el Banco Central Irlandés acaba de otorgar a la norteamericana una licencia para operar como entidad de pago en todo el territorio de la Unión Europea, en virtud de la Directiva de Servicios de Pago (PSD2). Facebook, por su parte, también tiene licencia para emitir dinero electrónico en Estados Unidos y, a finales de 2016, la obtuvo también en Irlanda, lo que le permite operar en toda la Unión Europea.

Son sólo unos ejemplos de cómo los gigantes de la tecnología están invadiendo un espacio que no se corresponde con su core business pero que les permite ampliar su presencia en el sector financiero, si bien, no se ciñen a las mismas reglas que el resto de jugadores: los bancos. El debate acerca de cómo afectará la entrada de GAFAA a las entidades financieras en un futuro inminente está encima de la mesa, y así lo reflejan Miguel de la Mano y Jorge Padilla en su informe Big Tech Banking, que presentaron el pasado mes de diciembre. El estudio apremia a “identificar el marco regulatorio correcto para abordar de manera temprana el posible impacto adverso de las plataformas Big Tech en los mercados minoristas financieros”.

En principio, podría parecer que, a mayor competencia, mayores beneficios principalmente para los clientes finales. Sin embargo, el vacío legal bajo el que operan estas grandes compañías en cuestiones intrínsecamente relacionadas a las entidades bancarias, como la emisión de préstamos, la intermediación con divisas o las plataformas de envío de dinero, “debería someterse a una regulación” al menos, “tan estricta como las que rigen para las entidades financieras” en Estados Unidos o la Unión Europea, que amparan y velan por el usuario final. Aun con todo, es precisamente la PSD2 europea la que ha abierto el debate a los nuevos actores en el entorno financiero.

El valor añadido de los bancos

Uno de los mayores riesgos, según Padilla y De la Mano, de la entrada de las BigTech en el ecosistema financiero es su origen. La información que recaban, día tras día, de los usuarios, de sus preferencias de compra, y en general, de su relación directa con los consumidores y su enorme capacidad de cruzar datos, les pone en una situación de ventaja frente a las entidades financieras más tradicionales. Esto les permite ofrecer productos más personalizados, innovadores, creados exprofeso y casi en tiempo real. Sin embargo, los bancos, por su parte, pueden ofrecer como valor añadido la preservación de la intimidad y la privacidad de los datos de sus clientes. De este modo, una regulación acerca del acceso a los datos se revela necesaria, ya sea restrictiva para las BigTech o, por el contrario, más proclive a promover el acceso a los datos de manera más generalizada.

Los autores del informe reconocen que su “opción preferida es incrementar el intercambio de datos: las plataformas a partir de un determinado tamaño tendrán que permitir el acceso a otros, incluidos los bancos tradicionales, para acceder a sus datos transaccionales, incluidos los datos personales que haya autorizado cada cliente”. En definitiva, afirman, “dependerá de cómo la regulación trate a estos nuevos actores, la entrada de las BigTech terminará fomentando la competencia en la banca minorista y aumentando el bienestar del consumidor” o, por el contrario, “supondrán un riesgo para la estabilidad financiera” aunque las grandes tecnológicas, por el momento, tan sólo entran a competir en aquellos segmentos de actividad más rentables, como la originación o la distribución de préstamos. Otras actividades con más costes regulatorios o menos rentables, como la captación de depósitos, en cambio, quedarían al margen de las aspiraciones de estas compañías globales.

Autor: Bankia Fintech.