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Las fintech saltan a la arena: el sandbox español sigue cogiendo impulso

El sandbox español arrancó el pasado mes de noviembre y finaliza mañana su primera convocatoria, dejando muy buenas sensaciones. Tan solo unos meses han bastado para que este espacio de innovación se convierta en uno de los más “completos y ambiciosos” del mundo, según un estudio publicado por el equipo fintech de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Sin duda, una perspectiva alentadora y una nueva oportunidad para las ideas más disruptivas.

Aunque el sandbox ya está muy presente entre las startups y el sector financiero, todavía existe un cierto desconocimiento en torno a su funcionamiento y beneficios para las compañías y las administraciones públicas. El concepto “caja de arena” tiene su origen en el mundo de la informática y el desarrollo de software, pero también se ha popularizado entre en sector de los videojuegos como forma de etiquetar a las aventuras de “mundo abierto”, en las que el usuario puede experimentar a sus anchas y dentro de unos límites muy amplios, pero controlados. Esta aplicación al mundo gamer es una buena manera de explicar la esencia de los sandboxes regulatorios: espacios de experimentación donde testar en un entorno real de mercado proyectos innovadores, siempre bajo la supervisión de las autoridades públicas.

De esta manera, el sandbox se ha convertido en un instrumento especialmente útil para que compañías y entidades públicas avancen de la mano hacia una verdadera economía 4.0, donde la transformación digital juega un papel clave. Esto se debe a que, en ocasiones, surgen proyectos tan innovadores que sobrepasan el marco legislativo existente, lo que provoca que grandes iniciativas fintech se queden en un punto muerto ante la imposibilidad de aplicarse con seguridad jurídica. Las tecnologías aplicadas a las finanzas avanzan a mayor rapidez que su propia regulación, y este es el punto que las cajas de arena buscan resolver, dando la oportunidad a las ideas más disruptivas de probar su utilidad en un espacio controlado.

El éxito de estos ecosistemas regulatorios “en modo test” no se ha hecho esperar, y desde su adopción en el ámbito financiero en 2015, de la mano de la Autoridad de Conducta Financiera británica (FCA), en torno a 30 países de los cinco continentes han introducido modelos de distintas características. En regiones como Asia, estos entornos para la innovación ya han alcanzado la velocidad de crucero y están teniendo un papel importante en el avance de la legislación financiera, mientras que, en zonas como América Latina, pese a su desigual desarrollo por países, se han convertido en un nuevo elemento dinamizador para empresas y entidades públicas, contando con una rápida evolución en Brasil y México.

España no fue de los primeros países en abrazar el sandbox regulatorio, pero los expertos apuntan a que esto no ha supuesto un hándicap para situarse en la vanguardia de estos bancos de prueba para empresas. Así lo refleja el estudio aportado por el centro de innovación (Portal Fintech) de la CNMV, publicado en el último Boletín Trimestral de 2020, y en el que se aborda un estudio comparativo de los sandboxes implementados en distintos países y jurisdicciones, como Reino Unido, Holanda, Lituania Singapur o Australia. La conclusión a la que llegan los autores del análisis es que el sandbox español es uno de los más “completos y ambiciosos”. Una calificación que quizás puede sorprender por la tardía implementación y todavía corto recorrido del programa español, pero que el análisis de la CNMV respalda con varios datos de peso.

Así pues, entre las razones para esperar un gran desarrollo del sandbox regulatorio en nuestro país, se señala la involucración de los tres supervisores financieros existentes en España: Banco de España, CNMV y la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP), a los que se sumarían otras autoridades como el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC) o la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). La experiencia acumulada de todos estos organismos, así como el aprendizaje sobre otros modelos ya implementados, se convertiría así en un filtro perfecto para anticipar riesgos, detectar deficiencias y enfocar los recursos hacia las mejores propuestas.

En definitiva, la transformación del sector financiero ya comienza a entenderse como una misión compartida, en la que startups, grandes corporaciones y autoridades coordinan sus esfuerzos para que los proyectos que necesitan de un marco legal más propicio lleguen a ser una realidad y, sobre todo, beneficien al conjunto de los usuarios. España no se está quedando atrás en esta tendencia, y 2021 será, definitivamente, el año en el que las fintech no necesitarán mirar al exterior para saltar a la arena.